Teoría y práctica de la traducción

Se viene aceptando comúnmente que existen una teoría y una práctica de la traducción y, de manera implícita, se viene aceptando también que la práctica está subordinada a la teoría. Así, muchos autores afirman que la práctica de la traducción (las soluciones más idóneas) se puede y debe derivar de la teoría y que incluso aquellos traductores que piensan que no están siguiendo una teoría en realidad o no han leído un simple escrito sobre teoría de la traducción sí lo están haciendo cuando optan por unas soluciones de traducción y no por otras. Otros autores reprochan a traductores y formadores de traductores la falta de utilización de sus teorías y la atribuyen a la ignorancia, la pereza o el desinterés. La distinción entre teoría y práctica de la traducción se consagra en la formación de los traductores e intérpretes en la universidad, cuando se les imparten asignaturas de teoría y asignaturas prácticas.

Si reflexionamos sobre las afirmaciones anteriores, descubrimos enseguida que merecen cierta reflexión y, probablemente, imponen algún replanteamiento general.

Para empezar, mediante la denominación teoría de la traducción se pueden significar varias cosas diferentes, que se mezclan y confunden habitualmente:

De acuerdo con los usos más rigurosos de la palabra teoría (los de la epistemología o ciencia del conocimiento), sólo deberíamos utilizarla con el segundo de sus significados. Si se diera este tipo de teoría, realmente se podrían deducir soluciones de sus planteamientos generales, aunque la subordinación de la práctica a la teoría seguiría constituyendo un planteamiento más que discutible, pues ninguna teoría puede proclamar su validez si no es refrendada por la práctica.

Las teorías en sentido más estricto, las de mayor validez, se dan en el seno de las ciencias naturales; por el contrario, en las llamadas "ciencias humanas" se dan simultáneamente un elevado número de teorías, pero son constructos de escaso valor pues no cumplen en alto grado con las exigencias de cientificidad: objeto bien definido, sistematicidad, lenguaje propio, capacidad de explicación, capacidad de predicción, alto grado de experimentalidad y empirismo, formalización, cuantificación, consenso dentro de la comunidad de estudiosos correspondiente, etc. Su significado está más cerca de la primera acepción que ofrecimos para la palabra teoría.

Pero es más, una buena parte de las denominadas "ciencias humanas" en realidad no son ciencias, sino que son tecnologías. Una ciencia estudia un fenómeno o hecho natural; una tecnología busca la forma de obtener un producto mediante una actividad humana. Su naturaleza es radicalmente diferente: de las ciencias podemos obtener teorías, del estudio de las tecnologías obtenemos procedimientos; los resultados de un proceso en las ciencias suelen responder a características determinísticas o aleatorias, en tanto que en las tecnologías la participación del hombre y su creatividad hace que los resultados posibles sean innumerables e imprevisibles (si observamos dos traducciones iguales o muy parecidas de un mismo texto sospechamos de plagio y no pensamos en coincidencias probabilísticas); en las tecnologías existe un componente artesanal y/o artístico, en tanto que en las ciencias no; el objetivo de las disciplinas que estudian los hechos y fenómenos naturales es describirlos y predecir sus futuros comportamientos, y el objetivo de las disciplinas que estudian las tecnologías es ofrecer soluciones y procedimientos innovadores y más eficaces...

Pues bien la traducción, al igual que la medicina, las ingenierías, la agricultura, la comunicación humana o la escultura, es una tecnología y no un hecho o proceso natural. La disciplina que estudia la traducción (los Estudios de Traducción) no es una ciencia.

Es cierto que toda tecnología que se precie trata de fundamentarse en otras disciplinas de carácter científico, pero no hay que confundirlas. La medicina se fundamenta y apoya en la física, la química, la biología y las matemáticas, y gracias a ello es una tecnología rigurosa (aunque los resultados de escoger uno u otro médico, uno u otro hospital, pueden ser todavía muy diferentes). La desgracia de los Estudios de Traducción es que se apoyan y fundamentan en otras disciplinas no mucho más "científicas" que ellos mismos, como son la lingüística, la psicología (en parte), los estudios literarios, etc. En realidad, las aportaciones propias de los Estudios de Traducción son mínimas y casi todo lo que sabemos sobre la traducción —y que es aceptado de forma generalizada por la mayoría de nosotros— procede de otras disciplinas, de la observación de la práctica por los mismos traductores o, lo que resulta más llamativo, del simple y puro sentido común. Estamos convencidos de que casi todo lo que se ha dicho sobre la traducción se podría haber extraído directamente del sentido común y haberse formulado con palabras de todos los días. Una disciplina que en sus formulaciones no hace avanzar el conocimiento obtenido mediante el sentido común ni formularlo de manera más clara y precisa es una "ciencia banal", una disciplina inútil. Por otro lado, la traducción como proceso mental o cognitivo (lo que pasa en la cabeza del traductor mientras traduce y que constituiría el único proceso natural relacionado con la traducción) resulta hoy por hoy inobservable.

El recurso frívolo o equivocado a las caracterizaciones de ciencia y de teoría responde al prestigio social con el que cuentan ciencias naturales como la física y la química y al afán de los estudiosos de la traducción (y, en general, de todas las denominadas "ciencias humanas") por obtener el mayor reconocimiento para su trabajo. Las consecuencias de la aceptación de sus esquemas pueden llegar a ser dramáticas, pues se puede paralizar el avance en el conocimiento de estas actividades y la propuesta de nuevos y mejores procedimientos. La formación de traductores inspirada en la existencia de principios teóricos superiores no puede llevar a ninguna parte. Es inviable, y conduce a que los alumnos tan sólo aprendan (como en cualquier oficio artesano) del ejemplo del profesor experimentado y de las horas que dedican a la actividad de traducir; conduce a mantener la actividad de la traducción como una tecnología poco desarrollada y muy artesanal.

La aceptación de la traducción como tecnología puede llevar a proponer sistemas de traducción más cómodos y eficaces, a basar la formación de los traductores en un mejor conocimiento de la realidad profesional y de los parámetros que afectan a sus decisiones cuando traducen, a asumir un conjunto de estrategias que —al reducir el número de opciones posibles ante un problema o tarea— deje al traductor enfrentado tan sólo con la elección de la solución que más se ajusta a su propia personalidad dentro de un conjunto limitado de soluciones aceptables.

Los derroteros seguidos hasta el momento por los "teóricos de la traducción" tampoco han contribuido a definir claramente lo que es la práctica de la traducción. Estudiosos de la traducción se permiten habitualmente condenar como incorrectas soluciones de traducción que han sido perfectamente válidas en la práctica profesional, y en la formación de traductores se está dando una idea a los alumnos de lo que es la traducción profesional difícilmente reconocible como propia en el mundo de la empresa. Los alumnos de las universidades, al encontrarse una realidad profesional diferente a la que han aprendido a través de sus profesores, reaccionan a veces pretendiendo enseñar a las empresas u organismos especializados qué es realmente la traducción.

Pocas pretensiones puede tener la "teoría" de la traducción sobre la práctica profesional o la formación de traductores cuando esta supuesta teoría, en medio siglo de existencia, no ha sido siquiera capaz de ofrecernos una definición universalmente aceptada de qué es la traducción o cuál es su carácter. Si los traductores o los profesores de traducción no deducen toda su actividad de la teoría no es porque no quieran, por ignorancia, pereza o desinterés, sino porque esta teoría les ofrece más bien poco aprovechable en su actividad cotidiana.

Roberto Mayoral Asensio
Profesor de Traducción
Universidad de Granada (España)
robertomayoral@retemail.es

 

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