¿Es posible conseguir una evolución

armoniosa del idioma?

Con el avance tecnológico surge la necesidad de crear nuevos conceptos. Con la creación de nuevos conceptos surge la necesidad de incorporarlos a la lengua con el fin de fomentar su uso correcto y unificarlos.

Bill Gates y la RAE, junto con las otras 22 academias de la lengua castellana, firmaron el pasado 15 de octubre en Madrid una Declaración de Intenciones por la que se comprometen a colaborar en el correcto uso de la lengua española en los productos de Microsoft. Esta declaración basa su colaboración en cuatro áreas:

En dicho acuerdo se comprometen a servir a una lengua hablada por más de cuatrocientos millones de personas en un momento en que se apuesta por ella para el futuro. El mercado hispanohablante es ya el segundo del mundo para Microsoft. Con este acuerdo, además, se pretende la homogeneización de los términos que, aunque puedan resultar ajenos o extraños para algunos, puedan ser comprendidos por todos los usuarios, independientemente del país del que se trate.

La adopción de nuevos términos

Ahora bien: ¿de qué mecanismos dispone una lengua para adoptar un nuevo término?

En el caso de la informática (y me refiero a ella porque su número de usuarios es incomparable con el de otros campos de especialización), la solución más fácil sería la adopción directa del término en inglés. La lengua de la tecnología juega con mucha ventaja puesto que, además de que los términos son más cortos, ya resultan muy familiares en ciertas áreas en las que se los está utilizando hace años. Otra razón que respalda la adopción de terminología inglesa en el argot tecnológico de la lengua castellana es que los avances de la tecnología proliferan con una rapidez que impide que la creación de equivalentes españoles de los términos ingleses se realice de forma simultánea. Por ello, la mayoría de las veces se utiliza la palabra en su idioma original frente a las opciones de crear un neologismo o intentar traducirla. Nos encontramos ante el mayor peligro al que se enfrenta actualmente el español.

En ciertos lugares y ámbitos, se tiende a crear un término utilizando calcos que combinan ambos idiomas. Me estoy refiriendo al fenómeno del Ciberspanglish.

"Printear" un archivo, "deletearlo", "salvarlo", hacer un "exit" o "emeilearse" son quizás términos más cercanos a ciertas personas que "imprimir", "borrar" o "guardar". Pero ¿qué sentido tiene pretender que verbos tan importantes como "borrar" o "salir" dejen de utilizarse en español por no estar relacionados con la informática? ¿Se trata de un enriquecimiento o de un empobrecimiento del idioma?

Defiendo este argot en cuanto supone apertura de miras, en cuanto la razón de ser del lenguaje no es otra que la comunicación, más que la de la normalización, y en cuanto supone la subversión de ciertos valores ya establecidos. ¿Hasta que punto se debe unificar completamente una lengua como el castellano en pro de su pureza, si esto va en detrimento de su propia razón de ser?

Lo que sin duda es una buena noticia es que por fin se hayan decidido a aunar esfuerzos para evitar las lagunas existentes y para adoptar nuevos términos en el campo de la informática, pues sí creo necesaria la utilización de términos homogéneos en las publicaciones para que puedan ser comprendidos por cualquier usuario y para frenar, en la medida de lo posible, la degradación del idioma y las ambigüedades; para evitar, por ejemplo, encontrar en el diccionario de Word sinónimos ofensivos para las mujeres, los indios, los homosexuales o los andaluces (los sinónimos de andaluz eran "cañí", "agitanado", "gitano", "flamenco" y "calé"; y los de indígena eran "salvaje", "nativo", "bárbaro" y "antro"). Esta "degradación" del castellano se podría haber evitado si no hubiera habido tanta pasividad por parte de instituciones, lingüistas y el pueblo en general, ante un tema de tal importancia para la preservación de nuestro idioma.

La diversidad de la lengua castellana

Otro de los problemas a los que se enfrenta la evolución de nuestro idioma es la existencia de las variedades lingüísticas que caracterizan a los países hispanohablantes.

A pesar de que el concepto de norma común nos hace pensar en una mayor pureza del lenguaje, debemos admitir que, a menudo, entorpece la comunicación de algunos usuarios y que además puede, en ocasiones, promover su rechazo. ¿Por qué razón, entonces, una lengua como el castellano debería seguir idéntica evolución en todas las zonas donde se habla, si éstas son tan dispares entre sí?

En primer lugar, la actitud ante la presencia del inglés varía mucho en los diferentes países de habla hispana y, en segundo lugar, ¿es factible establecer una norma común cuando no existe un nivel de informatización y de accesibilidad a Internet equiparable entre todos los hispanohablantes, siendo esta red el medio de promoción cultural y lingüística más importante en este momento?

Está claro que el idioma lo hace el uso, más que la norma, y que su evolución depende del contexto social y cultural en el que se desarrolla.

Habrá que reconvertir, entonces, al bebedor castizo y al labrador tradicional, pues "chatear" ya no es "ir de vinos" (es decir, de "chatos") ni "hacer una pileta con la azada", sino "hacer chat a través de la red".

Beatriz Mora Quiles

Traductora inglés>español
beatriz@equus-trad.com

 

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